miércoles, 31 de mayo de 2017

El grito Millenial en las novelas

Hola, Mundo!!!

Hoy os planteo la siguiente pregunta: ¿Creéis que hay alguna fórmula mágica para que una novela llegue a ser best seller?

El otro día escuché en la radio que el músico estadounidense Patrick Metzger había encontrado un patrón en muchas de las canciones de más éxito de los últimos tiempos. Es un grito (que él ha bautizado como grito Millenial), una melodía que se repite una y otra vez normalmente en los estribillos y que suele estar formado por un "wa" y un "oh" y que, seguro, habéis escuchado en vuestras canciones favoritas. Os pongo algunos ejemplos...




Alejandro Sanz y Alicia Keys con "Looking For Paradise" en el 0:14



One Direction con "Live While We're Young" en el 0:53


Fifth Harmony "Anything is Possible" en el 0:20

La pregunta que surge de este estudio es lógica: ¿siempre triunfan el mismo tipo de canciones? ¿Suenan todas iguales, y como ya conocemos la melodía a los 10 seg de empezar, por eso nos gustan?

Mi cabeza de escritora trasladó rápidamente esta cuestión a las novelas. Me puse a pensar en aquellos libros de más éxito, los que consiguen situarse en poco tiempo como best sellers y que gustan a todo el mundo... ¿Habría también un patrón, un "grito millenial" escondido entre sus páginas que los hiciera más atractivos, más irresistibles?

Yo creo que sí. Y he detectado varios de estos "gritos" que, bajo mi punto de vista, han ayudado a que las novelas sean más atractivas para el público (hablo sobre todo del género romántico, que es el que más me gusta escribir... y leer, aunque por supuesto esto es aplicable a todos los géneros):

La narración en primera persona: consigue que empatices mucho más con el personaje, te metes en la historia, vives con él/ella sus aventuras. Algunos ejemplos muy evidentes serían:

Crepúsculo, de Stephenie Meyer
Pídeme lo que quieras, de Megan Maxwell
Persiguiendo a Silvia, de Elísabet Benavent
Bajo la Misma Estrella, de John Green
Yo antes de ti, Jojo Moyes



Chico malo, chica inocentona (por llamarlo de alguna manera): aquí no puedo decir qué es lo que atrae, porque no lo entiendo. Pero es indudable que atrae... y mucho.

Cincuenta Sombras de Grey, de E.L. James 
After, de Anna Todd
A Tres Metros Sobre el Cielo, de Federico Moccia




Que la trama te descoloque, que de un giro que jamás, jamás, podrías haber imaginado y te sorprenda.

Juego de Tronos, de George R.R. Martin (vale, este no es de romántica, pero es el primero en el que he pensado).
Forastera, de Diana Gabaldon (Madre del amor hermoso... y no digo más)



¿Qué pensáis? ¿Creéis que el éxito de estas novelas (y tantas otras) se debe a que hay alguna fórmula mágica que se repite y que por eso gustan tanto? ¿O no tiene nada que ver?

Y en caso de que haya distintos patrones, distintos "gritos millenial" en las novelas, ¿cuáles serían para vosotros?












miércoles, 24 de mayo de 2017

La impaciencia del lector (y del escritor)

Hola, mundo!!

Hoy quiero lanzar una pregunta, tanto a los que sois lectores como a los que también escribís. ¿Somos impacientes a la hora de leer una novela o a la hora de escribirla y contar la historia?


Me explico. Hace poco iba yo en mi coche, camino del trabajo (de mi trabajo real, el que nos da de comer a mi familia y a mí), pensando en todas las correcciones que aún me quedaban por hacer a la novela que verá la luz el 29 de mayo si nada lo impide.(#lajoyademeggernie) Era uno de esos momentos de agobio, de esos en los que piensas que no vas a llegar, que lo que has escrito es una porquería y que no entiendes qué haces tú metida en semejante berenjenal con lo bien que se está tumbada en el sofá viendo películas en lugar de ponerte a probar cosas nuevas como la autopublicación. 




Pues bien. Mi pensamiento más negativo en esos momentos (y menos mal que había un conejo a un lado de la carretera y eso me distrajo un poco), era que el principio de mi novela no tenía la suficiente fuerza. No iba a enganchar, no iba a captar la atención del lector lo bastante como para que se quedara entre las páginas del libro hasta el final. Y, creedme, a tan solo un par de semanas de la salida al mercado de la novela, es un pensamiento que da mucho por saco...

La primera pista de que esto podía llegar a ocurrir me la dieron las lectoras cero (esos seres maravillosos que te regalan parte de su tiempo para revisar tu trabajo y decirte dónde puedes mejorar). Una de ellas me dijo que le había gustado mucho la novela a partir de que la protagonista se encuentra con ciertos personajes. 

A partir... Entonces, ¿todo lo de antes no le había gustado? ¿Le había aburrido? ¿Se le había hecho pesado? Otra de ellas me puso un comentario a un lado del manuscrito en determinado capítulo poniendo: ¡Al fin! (Y al lado una carita sonriente) justo cuando aparece el prota masculino. Por supuesto, eso quería decir que estaba deseando que apareciera ya el mozo de una vez por todas... ¿Me había enrollado demasiado hasta ese momento? ¿Era necesario contar todo lo que había contado antes, al principio de la novela?




Tras meditarlo mucho, mi opinión en aquellos momentos de corrección fue que SI, era necesario. Pero tal vez había equivocado la estructura, la manera de contarlo. Así pues, cambié el inicio. Metí un prólogo en el que aparece el protagonista masculino en primer lugar, que resolvía de golpe un par de problemas: el chico no se hacía tanto de rogar a la hora de presentarse al lector, al tiempo que este inicio daba pistas sobre el conflicto que este personaje iba a tener durante casi toda la novela. 

Bien, ¿no? Pues no. Ahí me tenéis, en mi coche, con la música de Luis Fonsi de fondo, un conejo comiendo hierba en el arcén y mi cabeza castigándome una y otra vez porque pensaba que iba a aburrir al lector en los primeros capítulos de la novela. Tenía que resumir, quitar cosas, llegar antes, con menos páginas, al meollo de la cuestión porque, de otra manera, el lector se iba a impacientar y acabaría abandonando el libro en cualquier rincón.


Y entonces me asaltó la idea de que todos vamos muy deprisa (tal vez porque la canción que sonaba era Despacito y los pensamientos se fueron encadenando uno tras otro...), que buscamos una inmediatez en todo lo que hacemos, en lo que vemos, en lo que leemos, producto de la velocidad a la que vamos por el mundo. Queremos resultados y los queremos YA.

Yo, como autora, me impacientaba por lograr que el lector llegara cuanto antes a las partes de la novela que creía le iban a gustar más. Corre, corre, corre. Y no me estaba dando cuenta de que, a lo mejor, tenía que dejar que el lector disfrutara del paseo, que se impacientara, sí, pero como cuando yo me impaciento por saber qué pasará en el siguiente capítulo de Juego de Tronos. Según mi cuñado, podríamos pasar sin ver los ocho primeros capítulos de cada temporada y quedarnos solo con los dos últimos, que es cuando pasa lo más gordo, lo más emocionante, lo mejor. 

Pero, en este caso, no comparto su opinión. Porque cada capítulo aporta algo. En cada uno de ellos hay un detalle, una escena, una imagen, un diálogo que hace que la historia avance, y que vaya generando expectación, que se te vayan acumulando las ganas y, en definitiva, que disfrutes más del momento cuando por fin llega lo que tú estabas esperando, lo que te morías por ver y al fin sucede.




Al final, a pesar de mis dudas, la novela se ha quedado como estaba (salvo por el pequeño cambio de estructura realizado con el prólogo), y solo espero que cada capítulo aporte algo, que haga disfrutar al lector poco a poco... hasta llegar a sus momentos favoritos de la novela, que no tienen por qué ser necesariamente los mismos que los míos...

¿Y vosotros qué opináis? ¿Creéis que somos impacientes como lectores? ¿Si somos autores, además de lectores, trasmitimos esa impaciencia a la trama de la novela, haciendo que todo vaya demasiado deprisa? ¿Habéis leído novelas en las que os ha pasado esto (incluidas las mías)? Contadme.







lunes, 1 de mayo de 2017

La Joya de Meggernie

Hola, mundo!!

Tenía ya muchas ganas de compartir esta noticia con todos vosotros. Por fin puedo anunciar que el 29 de mayo verá la luz mi próximo libro, La Joya de Meggernie, una novela romántica ambientada en la Escocia del siglo XIV.

Desde siempre me han gustado las historias de highlanders, así que por supuesto no he parado hasta escribir una. Os puedo decir que este proyecto me ha enamorado de principio a fin y, lo que es mejor, me sirvió de excusa para arrastrar a mi familia un verano a un viaje por Escocia alegando que necesitaba "documentarme", jejeje.

De momento os dejo la portada (diseñada por la genial Alexia Jorques) y la sinopsis. Aunque, por supuesto, ya os iré hablando un poquito más de ella más adelante...

¡Espero que os guste!




SINOPSIS

Tras el ataque a Meggernie, el hogar de Willow MacGregor, el único camino que le queda por delante a la joven es el de la venganza. Si para ello debe colarse en la fortaleza de su enemigo y hacerse pasar por quien no es, no dudará en seguir los dictados de su corazón.

Para Ewan Campbell, aceptar a un enclenque muchacho en su castillo, uno que además pretende unirse a su tropa de soldados, es una auténtica aberración. Sin embargo, el orgulloso laird del clan Campbell descubrirá que una simple mirada basta para que sus convicciones y sus más arraigadas creencias se tambaleen.

Sumidos en un desconcierto total de emociones, ambos se darán cuenta de que el amor se encuentra donde menos se lo esperan, y que su corazón solo se enciende ante el roce de una única piel...

EL SECRETO DE MALCOM

Hola, mundo!! Pues sí, ya lo tenemos aquí... POR FIN . Ha tardado un poco más de lo que esperaba, pero ya puedo decir que Malcom deja d...