Presentación en Románticas al Horizonte

Las chicas de Románticas al Horizonte han preparado una presentación muy especial para mi novela "Una Mágica Visión"

En ella podréis conocer un poco más a los personajes y algunos detalles de la historia que seguro que os gustarán. Además, tenemos un pequeño aperitivo de la novela que os copio justo debajo para que nadie se lo pierda...


EL PEQUEÑO APERITIVO:

–No la quiero. Búscale otro marido –espetó secamente.
–No hay otro –contestó Curtis con paciencia.
–¿Y tú?
El patrón dejó escapar una sonora carcajada antes de responder.
–¡Vamos! ¿No querrás que una jovencita se case con un viejo como yo, verdad?
–Ya, pero quieres obligarme a que lo haga yo…
–No hará falta, señor.
La voz femenina, salida desde el fondo de la carreta, sorprendió a todos. Al parecer, a pesar de estar recostada, la chica había permanecido atenta a la acalorada discusión.
Darren observó cómo la mujer se incorporaba hasta quedar sentada y le clavaba los ojos dorados llenos de furia. Su aspecto era lamentable y el vaquero pensó en serio que Curtis pretendía darle un escarmiento por su terquedad.
–Estarás de broma, ¿no? –le preguntó, señalándola e ignorando deliberadamente la frase de la muchacha.
–¿A qué te refieres? –Curtis decidió fingir inocencia.
–¿Me han oído? No hace falta que discutan más –insistió ella.
–No pretenderás que me case con ella, ¡mírala!
–Ya lo hago, ¿y?
–¿Cómo que y? ¿Para qué me sirve? Se supone que las mujeres eran para ayudarnos en las tareas diarias y ella… ¡mírala, por todos los cielos!
–Señores, por favor –terció el doctor, reparando en el rostro encendido de Shannon.
–Si alguien entiende mi idioma, he dicho que no habrá boda.
–Tu deber es casarte, Darren –el reverendo pasó por alto el comentario de la mujer, igual que el resto.
–¿Por qué? ¿Solo porque pagué para que la trajeran hasta aquí? –inquirió Darren, exasperado.
Sacó del interior del chaleco un saquito con monedas y lo arrojó a los pies del caballo de Curtis Loan.
–Ahora te pago para que me liberes de mi obligación. Ya no hay trato.
–¡¡Prefiero quedarme en el burdel del pueblo!! –gritó Shannon, furiosa e indignada por el último gesto del vaquero.
¿Qué se había creído? ¿Que era una mendiga pordiosera en busca de un hogar? Su estallido logró por fin la atención de los cuatro hombres. Todos la miraban asombrados, excepto el reverendo. Su expresión era del más absoluto horror.
–¿Qué has dicho, mujer? –casi temió preguntar.
–Que prefiero dormir con las prostitutas, o en el prado, con las vacas, antes que con ese engreído malcarado –espetó, señalándolo.
Darren parpadeó, incrédulo. Pasaron unos segundos de tenso silencio mientras los dos se miraban con intensidad, estudiándose. Ella respiraba con dificultad por el terrible enojo que sentía. Él se limitaba a observarla con una ceja levantada, muy intrigado. Lo que pasó en un segundo por su cabeza era insensato y, a juzgar por el aspecto demacrado de la joven, seguramente un lamentable error. Le sobrevino un acceso de lástima por aquella criatura que apenas duró, puesto que su gesto orgulloso mataba cualquier sentimiento piadoso que pudiera despertarle. Y, lo más sorprendente era que, no entendía por qué, le resultaba imposible obviar el desafío de aquellos ojos dorados desbordados de emociones.
–Vale, me la quedo –dijo por fin.
Curtis dio una palmada de satisfacción, el reverendo suspiró aliviado y el doctor O’Brian sonrió complacido.
Shannon, sin embargo, no se lo podía creer. Abrió tanto la boca que estaba segura de que se le metería dentro alguna mosca. Con un poco de suerte, se ahogaría con ella y no tendría que soportar esa terrible humillación por más tiempo.

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